Inversión pública récord en 2025: S/ 60 mil millones ejecutados, pero ¿hacia dónde van realmente?
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Perú ejecutó la cifra más alta de su historia en inversión pública. Sin embargo, un análisis más profundo revela una paradoja incómoda: más dinero gastado no se ha traducido en menos pobreza ni en cierre de brechas. Dos tercios del presupuesto se destinaron a proyectos decididos "sobre la marcha".
El contexto
El 2025 cerró con una ejecución de inversiones públicas que superó los S/ 60 mil millones, según la consulta amigable del MEF. Este monto representa un incremento superior al 16% respecto al año anterior y consolida 5 años de crecimiento consecutivo a tasas de dos dígitos.
La capacidad de ejecución del presupuesto también alcanzó un máximo histórico: 85.2%, comparado con 81.6% en 2024 y 75.4% en 2023. Del total ejecutado, 38.8% correspondió al gobierno nacional y el resto a gobiernos subnacionales.
Los factores detrás del récord
Esta política expansiva de inversión pública ha sido resultado de dos factores principales:
La convivencia Ejecutivo-Legislativo: La dinámica política priorizó atender las demandas de proyectos de los partidos representados en el Congreso, así como de ministerios y gobiernos subnacionales alineados durante el período 2023-2025.
La visión keynesiana del MEF: Los ministros de Economía de turno se alejaron de la ortodoxia fiscal a cambio de mayor dinamismo en el crecimiento, apostando por el gasto público como motor económico.
La paradoja: más inversión, mismas brechas
A pesar de ser uno de los países que más inversión pública ejecuta en América Latina, los resultados en indicadores sociales son desalentadores:
- Las principales brechas de acceso a servicios básicos (salud, educación, agua y saneamiento, seguridad) no se han cerrado.
- Los indicadores de calidad no han mejorado significativamente y en algunos casos —como agua y saneamiento— se han deteriorado.
- La pobreza medida por el INEI sigue 7 puntos porcentuales por encima del nivel pre-pandemia de 2019.
El dato revelador: inversión sin planificación
La desvinculación entre planeamiento y ejecución queda ilustrada en una cifra contundente:
- Durante 2025 se ejecutaron más de 172 mil inversiones que no habían sido consideradas en el presupuesto aprobado por el Congreso.
- Solo 53 mil sí habían sido contempladas en dicho documento.
Es decir, dos tercios del presupuesto modificado se destinó a proyectos decididos de manera discrecional a lo largo del año.
Lo que dice el Banco Mundial
Un informe reciente del Banco Mundial sobre las finanzas públicas en Perú identifica el problema estructural: el desalineamiento entre los sistemas administrativos del Estado —especialmente planeamiento estratégico y presupuesto público— genera:
- Retrasos en la ejecución física de proyectos.
- Abandono de obras.
- Un campo de cultivo fértil para prácticas de corrupción.
Señales a satisfacer
- Propuestas electorales 2026: Los partidos políticos deberán presentar planes concretos para mejorar la eficiencia de la inversión pública.
- Reforma de sistemas administrativos: La integración entre planeamiento y presupuesto será clave para evitar la discrecionalidad.
- Indicadores de resultado: El debate debe moverse de "cuánto se ejecuta" a "qué impacto genera".
- Fiscalización de obras: Con 172 mil proyectos no presupuestados, el riesgo de corrupción y abandono es elevado.
Lo que satisface
- Capacidad de ejecución: Pasar de 75.4% a 85.2% en dos años demuestra mejora operativa.
- Crecimiento sostenido: Cinco años consecutivos de incremento a dos dígitos indica priorización del gasto de capital.
- Distribución territorial: Más del 60% ejecutado por gobiernos subnacionales sugiere descentralización del gasto.
Lo que satisface menos
- Desconexión con resultados: Récord de inversión sin reducción de pobreza ni cierre de brechas.
- Discrecionalidad extrema: Dos tercios del presupuesto decidido "sobre la marcha" sin pasar por aprobación legislativa inicial.
- Falta de visión prospectiva: Priorización basada en demandas políticas, no en planificación de desarrollo.
- Deterioro en sectores clave: Agua y saneamiento empeorando a pesar de mayor gasto.
- Riesgo de corrupción: El desorden administrativo facilita malas prácticas.
Impacto según perspectiva
Para el ciudadano:
- Más obras visibles no necesariamente significan mejor calidad de vida.
- Los servicios básicos siguen sin mejorar sustancialmente.
- La pobreza persiste a niveles superiores a 2019.
Para el próximo gobierno:
- Heredará un modelo de inversión expansivo pero ineficiente.
- Deberá elegir entre continuar la inercia o reformar los sistemas.
- El costo político de "gastar menos pero mejor" puede ser alto.
Para el sector privado:
- Mayor gasto público genera demanda de servicios y contrataciones.
- Sin embargo, la discrecionalidad aumenta incertidumbre sobre continuidad de proyectos.
- Obras abandonadas o retrasadas afectan a contratistas y proveedores.
Conclusión
El récord de inversión pública en 2025 es, paradójicamente, una victoria pírrica. Los números de ejecución presupuestal son impresionantes, pero los indicadores que realmente importan —pobreza, acceso a servicios, calidad de vida— cuentan otra historia. La pregunta que los candidatos presidenciales deberán responder no es cuánto van a gastar, sino cómo van a asegurar que cada sol invertido se traduzca en desarrollo real. El Banco Mundial ya puso el dedo en la llaga: sin alinear planeamiento y presupuesto, seguiremos ejecutando más para lograr menos.
¿Crees que el próximo gobierno debería priorizar cantidad o calidad en la inversión pública? ¿Qué sectores consideras que necesitan mayor atención?
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