La Deuda: ¿Amiga o Enemiga en tus Finanzas?
Juan Garate • Asesor Financiero en Reevalúa
Hay una palabra que produce escalofríos. La escuchas y el estómago se contrae. Deuda. Préstamo. Crédito. Son términos que cargan con el peso de noches sin dormir, de facturas que se acumulan, de esa sensación incómoda de deberle algo a alguien.
Pero aquí viene lo interesante: esa reacción visceral que sientes es, probablemente, el mayor obstáculo entre tú y tu libertad financiera.
La gran confusión
Permíteme contarte algo que nadie te enseñó en el colegio, ni en la universidad, ni en esas conversaciones familiares donde el dinero siempre fue un tema incómodo.
No toda deuda es igual.
Suena obvio cuando lo lees. Pero si fuera tan obvio, ¿por qué seguimos tratando a todos los préstamos como si fueran el mismo veneno? ¿Por qué el profesional que financia un smartphone de última generación siente la misma culpa que el empresario que apalanca la compra de un local comercial?
Antonio Cevallos, gerente general de BBVA Asset Management, lo explica con una claridad que desarma: existe la deuda mala y existe la deuda buena. Y confundirlas —como hacemos casi todos— es el error que nos mantiene corriendo en círculos.
En reevalúa llevamos meses insistiendo en esto: la educación financiera no es un lujo, es una necesidad. Y entender esta distinción es, quizás, la lección más importante que puedas aprender hoy.
La deuda que te hunde
Empecemos por la incómoda. La que ya conoces. La que probablemente tienes.
La deuda mala es aquella que usas para financiar pasivos. Cosas que sacan dinero de tu bolsillo. Cosas que pierden valor mientras tú sigues pagando intereses por ellas.
El smartphone que compraste en 24 cuotas. Salió de la tienda y ya valía 20% menos. Pero tú seguirás pagando por él durante dos años. Con intereses.
La cena de aniversario que pusiste en la tarjeta. Fue hermosa, memorable, deliciosa. Y la estás pagando todavía, tres meses después, a una tasa que preferirías no calcular.
Las vacaciones financiadas. Los recuerdos son invaluables, dicen. Pero el banco no acepta recuerdos como pago.
El impacto es devastador, aunque no lo sientas de inmediato. Cada sol que destinas a intereses de consumo es un sol que no está trabajando para ti. Es un sol que destruye tu capacidad de ahorro. Que frena tu potencial de inversión. Que te mantiene exactamente donde estás.
Los expertos lo llaman "la carrera de la rata". Trabajas para pagar. Pagas para poder seguir trabajando. Y el ciclo continúa.
La deuda que te construye
Ahora viene la parte que cambia todo.
La deuda buena no es un préstamo: es apalancamiento. Es usar el dinero de otros —del banco, de inversionistas, del sistema financiero— para adquirir algo que genera ingresos suficientes para pagar la cuota y dejarte una ganancia adicional.
Lee eso otra vez. Despacio.
Un crédito hipotecario para una propiedad que vas a alquilar. El inquilino paga el alquiler. El alquiler cubre la hipoteca y los gastos. Y al final del camino, tú eres dueño de un inmueble que compraste con dinero que no era tuyo.
Un préstamo para capitalizar un negocio que ya funciona. Tienes un modelo probado, clientes que pagan, un flujo predecible. El crédito te permite escalar. Las ganancias adicionales pagan el préstamo. Y lo que queda es tuyo.
Financiamiento para educación que incrementa tu capacidad de generar ingresos. Una maestría, una certificación, un curso especializado. La inversión se paga sola cuando tu valor en el mercado aumenta.
Aquí el dinero trabaja para ti. No al revés.
El sistema de cuatro pasos
Cevallos no se queda en la teoría. Propone un método concreto para transformar tu relación con la deuda. Y funciona.
Paso 1: Auditoría de tasas y el método "bola de nieve"
Siéntate. Abre tus estados de cuenta. Mira los números que has estado evitando.
¿Cuánto estás pagando en intereses? ¿A qué tasa? Las tarjetas de crédito son, casi siempre, las peores. Son fugas de capital constantes. Hemorragias silenciosas.
La estrategia: ataca primero la deuda más pequeña. Elimínala. Luego usa ese dinero liberado para atacar la siguiente. Y la siguiente. El impulso psicológico es tan importante como el financiero. Cada victoria te acerca a la siguiente.
Paso 2: La regla de oro — no te endeudes por ego
Antes de cualquier compra por impulso, aplica la pausa de 24 horas.
Pregúntate: ¿Esto pondrá dinero en mi bolsillo?
Si la respuesta es no, no lo financies. Así de simple. Así de difícil.
El dato que duele: aproximadamente el 40% de las compras en línea son emocionales, no necesarias. Cuatro de cada diez veces que sacas la tarjeta, estás comprando algo que no necesitas con dinero que no tienes para impresionar a gente que no te importa.
Paso 3: Construye tu blindaje antes de atacar
Este es el error que cometen los entusiastas. Destinan cada centavo al pago de deudas. No dejan nada para imprevistos. Y cuando llega la emergencia —porque siempre llega—, vuelven a la tarjeta de crédito.
Dos pasos adelante, tres atrás.
Antes de declarar guerra total a tus deudas, automatiza un pequeño porcentaje para un fondo de emergencia. Es tu blindaje. Tu colchón. La diferencia entre un tropiezo y una caída.
Paso 4: Capacítate antes de apalancarte
Las personas que construyen patrimonio no evitan el riesgo. Aprenden a gestionarlo.
Antes de tomar una "deuda buena" —un crédito para inversión, un préstamo para un negocio—, estudia los números con rigor. Entiende los flujos. Calcula los escenarios. Prepárate para lo que puede salir mal.
Tu inteligencia financiera es lo único que determina si un préstamo es una herramienta de crecimiento o una trampa disfrazada.
Lo que funciona de este enfoque
- Cambia el paradigma. Ver la deuda como herramienta, no como enemigo, abre posibilidades que antes ni considerabas.
- Simplifica decisiones complejas. Una sola pregunta: ¿esto pone dinero en mi bolsillo?
- Es replicable. Los cuatro pasos funcionan si ganas el mínimo o si ganas seis cifras.
- Prioriza el conocimiento. Educarte antes de actuar reduce errores costosos.
Lo que debes tener en cuenta
- Requiere disciplina. El método solo funciona si lo aplicas consistentemente. La mayoría abandona.
- El acceso no es igual para todos. Las tasas y condiciones para créditos de inversión favorecen a quienes ya tienen patrimonio.
- El contexto peruano importa. En un entorno de tasas altas, incluso la "deuda buena" puede ser costosa si no calculas bien.
- No todo activo es rentable. No toda propiedad alquilada genera ganancias. No todo negocio financiado prospera. El análisis caso por caso es indispensable.
El rol de reevalúa en tu camino
En reevalúa no solo contamos lo que pasa en la economía. Te ayudamos a entender cómo te afecta y qué puedes hacer al respecto.
Cuando analizamos las tasas del BCR, los depósitos a plazo, las opciones de crédito hipotecario, lo hacemos pensando en ti. En el lector que quiere dejar de reaccionar y empezar a decidir.
La diferencia entre deuda buena y deuda mala no es teoría de libro de texto. Es el marco mental que determina si en diez años estás pagando intereses o cobrándolos.
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Reflexión final
La transición de deudor a inversionista no ocurre por accidente. No es suerte. No es herencia. Es el resultado de un sistema, de disciplina constante y, sobre todo, de educación financiera.
El objetivo final no es "no deber nada". Eso es pensar en pequeño.
El objetivo es optimizar tu capital para construir una cartera de activos que eventualmente cubra tus gastos. Que te dé opciones. Que te permita elegir.
Como dice Cevallos: "El orden financiero te otorga la libertad de elegir cómo quieres vivir realmente tu vida".
Y eso, al final del día, es lo único que importa.
¿Tienes deudas actualmente? ¿Te acercan a tus metas o te alejan de ellas? Cuéntanos en los comentarios. Reevaluemos juntos.