Compromiso Climático y Sostenibilidad en el Perú
Juan Garate • Asesor Financiero en Reevalúa
El 80% de las empresas peruanas afirma tener planes de sostenibilidad. Pero solo el 48% mide emisiones y apenas el 38% tiene metas reales de reducción. Y casi nadie verifica externamente lo que reporta. La SBS está a punto de cambiar las reglas del juego con estándares internacionales obligatorios. Bienvenidos a la era donde decir no será suficiente: habrá que demostrar.
En una oficina de San Isidro, cuatro pantallas proyectan escenarios de cómo podría verse el mundo en 30 años. Uno de ellos muestra un futuro de colapso: población sobreviviendo entre restricciones de alimentos y energía. Es una muestra inmersiva creada con inteligencia artificial por EY llamada Four Futures, y estará en Lima hasta finales de marzo.
Pero más allá del espectáculo visual, hay una realidad regulatoria concreta que está por aterrizar en el Perú: la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) publicará en el primer semestre de 2026 su "Guía sobre la Gestión de Riesgos derivados de la Sostenibilidad" y está evaluando incorporar los estándares internacionales IFRS S1 y S2 de forma obligatoria.
Traducción: el juego del greenwashing corporativo —reportar avances climáticos sin verificación real— está por terminar.
Los números que nadie quiere ver
Antes de hablar de regulación futura, veamos la fotografía actual del sector privado peruano en materia climática. Es, para ser generosos, decepcionante:
📊 Según el informe del Pacto Global de la ONU (2025):
- 80% de 237 empresas dice tener planes de sostenibilidad
- 59% tiene presupuesto asignado para ejecutarlos
- 44% cuenta con métricas y KPIs definidos
- 23% involucra a la alta gerencia en estos temas
📉 Según el diagnóstico de la SBS (2025):
- 69% de empresas supervisadas declara tener políticas ambientales
- 48% mide emisiones de gases de efecto invernadero
- 38% establece objetivos y metas claras de reducción de CO₂
- Verificación externa: prácticamente inexistente
¿Ves el patrón? Conforme avanzas de "decir" hacia "hacer" y de "hacer" hacia "medir" y de "medir" hacia "verificar", los porcentajes se desploman.
Antonio Benites, líder de Sostenibilidad y Cambio Climático de EY, lo resume así: "No existe información sistemática sobre la verificación de reportes. Es más probable que las cifras reportadas sobre reducción de emisiones tengan sesgos a la baja". En buen romance: las empresas están maquillando sus números porque nadie les exige demostrarlos.
Lo que viene: regulación con dientes
La SBS no está jugando. Durante el primer semestre de 2026 publicará lineamientos concretos y está evaluando incorporar los estándares IFRS S1 y S2, que ya son obligatorios en México, Brasil y Chile.
¿Qué significan estos estándares?
- IFRS S1: Exige revelar todos los riesgos y oportunidades relacionados con sostenibilidad que podrían afectar el valor de la empresa
- IFRS S2: Específicamente sobre cambio climático, requiere divulgar emisiones de alcance 1, 2 y 3 (incluyendo toda la cadena de valor), planes de transición, y análisis de escenarios climáticos
¿Por qué importa? Porque estos estándares no aceptan declaraciones vagas. Exigen trazabilidad, métricas comparables y verificación independiente. Es pasar de "tenemos un plan de sostenibilidad" a "nuestras emisiones en 2025 fueron X toneladas de CO2, verificadas por una auditora externa, y aquí está nuestro plan año por año para reducirlas 30% para 2030".
Benites lo resume: "En el momento en que empiece a verificarse lo que uno reporta y se apliquen estas normas, tendremos mayor precisión en la información y las empresas empezarán a movilizarse un poco más".
Los sectores que enfrentarán mayor presión
No todos los sectores sentirán el impacto por igual. Según el análisis de EY, los más expuestos hacia 2055 serán:
Sectores de alto riesgo climático:
- Agroindustria (dependencia crítica de agua y clima estable)
- Manufactura (cadenas de suministro vulnerables)
- Consumo masivo (exposición a variabilidad de insumos)
- Minería y extractivas (regulación creciente + riesgo reputacional)
El informe de la SBS también revela algo inquietante: los bancos peruanos priorizan temas de comunidad, sociedad, ética y transparencia, pero dejan rezagado el cambio climático. Esto es problemático porque el sistema financiero es clave para movilizar capital hacia la transición.
Como señala Benites: "La industria financiera puede empezar a controlar el financiamiento hacia actividades que no gestionen adecuadamente sus impactos ambientales". Es decir, si tu empresa no puede demostrar que está manejando riesgos climáticos, eventualmente no conseguirás crédito.
Los cuatro futuros que nadie quiere vivir (pero uno va a pasar)
La muestra Four Futures de EY no es entretenimiento: es una herramienta de planeación estratégica. Plantea cuatro escenarios posibles basados en ciencia climática:
1. Escenario de Transformación (el deseable)
Gobiernos, empresas y sistema financiero actúan coordinadamente. Se cumplen metas climáticas. Migración a economía circular. Colaboración sectorial real.
Probabilidad según expertos: Baja, requiere cambio estructural que no se ve aún.
2. Escenario Tendencial (el más probable)
Se mantienen compromisos actuales pero sin garantías de cumplimiento. Perú tiene meta de no exceder 179 millones de toneladas de CO2 equivalente para 2035, pero no hay plan articulador sólido para lograrlo.
3. Escenario Fragmentado
Algunas empresas avanzan, otras no. Regulación desigual. Competencia desleal entre quienes invierten en sostenibilidad y quienes no.
4. Escenario de Colapso (el temido)
Inacción, descoordinación, impactos económicos severos. Restricciones de alimentos, agua y energía.
Nadia Malpartida, gerente senior de Sostenibilidad en EY Perú, lo dice sin rodeos: "La década es ahora. Si queremos cumplir los compromisos al 2030, el momento de tomar decisiones es 2026".
¿Qué significa esto para tu empresa?
Si eres CEO o estás en alta gerencia:
La regulación obligatoria viene, te guste o no. Puedes adelantarte y convertirlo en ventaja competitiva (acceso a capital verde, mejores tasas, reputación), o puedes esperar a que te obliguen y hacerlo reactivamente con sobrecostos.
Si diriges un banco o institución financiera:
Integrar riesgo climático en tus análisis crediticios ya no es opcional. Las carteras con alta exposición a sectores climáticamente vulnerables sin planes de transición son riesgo financiero directo.
Si operas en agroindustria, manufactura o consumo masivo:
Tus cadenas de suministro son tu mayor vulnerabilidad. Empiecen a mapear emisiones de alcance 3 (proveedores, distribución, uso del producto) porque eso es lo que los estándares IFRS S2 exigirán.
Si eres inversionista:
Las empresas que hoy no pueden demostrar con datos verificados su gestión climática enfrentarán primas de riesgo más altas en el futuro cercano. ESG ya no es "nice to have"; es evaluación de riesgo material.
Conclusión: Del compromiso a la rendición de cuentas
En reevalúa siempre hemos sostenido que las mejores decisiones empresariales se toman cuando hay información verificable, no narrativas de marketing. Durante años, el sector corporativo peruano ha operado en un marco donde podías decir casi cualquier cosa sobre sostenibilidad sin consecuencias.
Eso está por cambiar. La incorporación de estándares IFRS S1 y S2, la exigencia de verificación externa, y la presión del sistema financiero global están creando un nuevo entorno donde decir no será suficiente: habrá que demostrar.
Para las empresas serias que ya vienen trabajando en esto, es una oportunidad de diferenciarse. Para las que han estado haciendo greenwashing, el tiempo de ajustar se está agotando.
Y para el país, es una señal de que finalmente estamos entendiendo que la crisis climática no es un tema de relaciones públicas: es riesgo financiero, operativo y estratégico que debe gestionarse con el mismo rigor que cualquier otro.
¿Quieres seguir de cerca cómo esta regulación evoluciona y qué significa para tu sector específico? Regístrate en reevalúa y accede a análisis que conectan cambios regulatorios con impactos empresariales concretos, antes de que sean obligatorios.
Porque en el mundo que viene, la diferencia entre las empresas que prosperan y las que desaparecen se medirá en su capacidad de adaptarse a una economía baja en carbono. Y esa adaptación empieza con datos verificables, no con promesas en informes de sostenibilidad que nadie audita.