La crisis del gas natural que no colapsó el sistema eléctrico: por qué la planificación importa más que el precio
Juan Garate • Asesor Financiero en Reevalúa
Cuando se limitó el suministro de gas natural en Lima, Callao e Ica, el sistema eléctrico peruano —que depende 45% de ese combustible— no sufrió apagones. No fue suerte: fue planificación. Ahora el reto es aplicar la misma lógica al sector de hidrocarburos antes de que una próxima emergencia sí nos encuentre sin respaldo.
Hay una frase que resume todo el debate sobre inversión en infraestructura energética: "La energía más cara es la que no se tiene". Y el Perú acaba de vivir un experimento involuntario que lo demuestra.
Cuando la emergencia en el sistema de transporte de gas natural obligó al Ejecutivo a limitar temporalmente su venta y priorizar hogares, comercios y transporte público masivo, muchos pronosticaron caos: apagones, industrias paralizadas, recibos de luz disparados.
No pasó.
A pesar de que el gas natural representa aproximadamente 45% de la generación eléctrica del país, no hubo interrupciones significativas del servicio. Los hogares no vieron impactos directos en sus recibos. Las generadoras eléctricas, algunas industrias y parte del parque automotor recurrieron a combustibles sustitutos, pero el sistema absorbió el golpe sin colapsar.
¿Por qué? Una palabra: planificación.
El sistema eléctrico que sí hizo la tarea
La confiabilidad del sistema eléctrico peruano ante esta crisis no es casualidad. Fue diseñado bajo principios de seguridad y redundancia que cuestan dinero en tiempos normales, pero salvan el sistema en emergencias:
1. Transmisión interconectada a nivel nacional
Permite trasladar energía entre regiones cuando una zona enfrenta dificultades en su capacidad de generación. Si el norte tiene déficit, el sur puede compensar.
2. Centrales térmicas con combustibles alternativos
Pueden operar con diésel cuando las centrales de gas natural o energía hidráulica enfrentan emergencias. Es más caro, pero mantiene las luces encendidas.
Este esquema tiene un costo que todos los peruanos asumimos, incorporado en las tarifas eléctricas. Pero responde a una lógica fundamental: es más barato pagar por capacidad de respaldo que enfrentar las consecuencias de apagones masivos.
Imagina una fábrica que pierde producción por 8 horas de apagón, o un hospital sin energía. El costo económico y social supera por órdenes de magnitud lo que cuesta mantener capacidad de respaldo.
El sector que no aprendió la lección: hidrocarburos
Aquí viene la parte incómoda. Si el sistema eléctrico demostró resiliencia gracias a la planificación, el sector de hidrocarburos está operando sin la misma red de seguridad.
Los números son claros:
- El sector hidrocarburos atiende cerca del 66% de las actividades económicas del país
- Dependencia mayor que la del sistema eléctrico
- Pero sin infraestructura de almacenamiento y transporte equivalente
La emergencia del gas natural reveló esta vulnerabilidad. El racionamiento obligó a generadoras eléctricas e industrias a buscar combustibles sustitutos, pero ¿qué pasa cuando el problema es generalizado y no hay alternativas disponibles en volumen suficiente?
Lo que debería hacerse (y no se está haciendo)
Para replicar en hidrocarburos la confiabilidad del sistema eléctrico, se necesitan tres acciones concretas que están pendientes:
1. Aprobar el reglamento de la Agencia de Inventarios de Combustibles
Crear reservas estratégicas de combustibles no es lujo: es gestión de riesgo básica. Países desarrollados mantienen inventarios equivalentes a 90 días de consumo. Perú necesita institucionalizar esto.
2. Actualizar el reglamento del gas natural para viabilizar nuevas tecnologías
La regulación actual está desactualizada. Tecnologías como gas natural licuado (GNL) a pequeña escala, gas natural comprimido (GNC) para transporte, y sistemas modulares de distribución requieren marco regulatorio moderno.
3. Avanzar en el desarrollo del plan de gasoductos regionales
Descentralizar la infraestructura de gas reduce vulnerabilidad. Si un gasoducto falla, otros pueden seguir operando. Diversificación geográfica es diversificación de riesgo.
¿Qué significa esto para empresas y mercados?
Para industrias intensivas en energía:
La confiabilidad del sistema eléctrico es un activo competitivo del Perú que pocos dimensionan. Pero la vulnerabilidad del sector hidrocarburos es un pasivo que puede materializarse en disrupciones operativas. Evalúen contratos de respaldo y diversificación de combustibles.
Para inversionistas en infraestructura:
Hay una oportunidad estructural en almacenamiento de combustibles, gasoductos regionales y sistemas de distribución modernos. La regulación eventualmente tendrá que actualizarse porque el costo de no hacerlo es insostenible.
Para el Gobierno:
La emergencia del gas natural fue un llamado de atención. El siguiente evento similar podría encontrar al sistema menos preparado si no se actúa ahora. La planificación energética no es gasto: es inversión en resiliencia económica.
Para cualquier empresa que dependa de energía confiable:
El Perú tiene un sistema eléctrico confiable gracias a decisiones de planificación tomadas hace décadas. Pero esa confiabilidad no se extiende automáticamente a otros energéticos. Diversifiquen fuentes, tengan planes de contingencia, y no asuman que "siempre habrá combustible disponible".
Conclusión: El costo de la improvisación es mucho mayor que el costo de la planificación
En reevalúa siempre insistimos en que las mejores decisiones empresariales y de política pública se toman con visión de largo plazo, no reaccionando a emergencias.
El sistema eléctrico peruano demostró que la inversión en redundancia y capacidad de respaldo se paga sola cuando llega la crisis. No tuvimos apagones porque décadas atrás alguien decidió que era mejor gastar en transmisión interconectada y centrales con combustibles alternativos.
El sector hidrocarburos necesita la misma visión. Aprobar reglamentos, desarrollar infraestructura de almacenamiento, construir gasoductos regionales suena caro y burocrático. Pero es infinitamente más barato que enfrentar una paralización económica por falta de combustibles.
Para las empresas que leen reevalúa, el mensaje es claro: no esperen a que el Gobierno haga su tarea para hacer la suya. La próxima crisis energética encontrará preparados a quienes tienen planes de contingencia, contratos de respaldo y diversificación de fuentes.
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Porque como acabamos de aprender: la energía más cara no es la más costosa. Es la que no tienes cuando más la necesitas. del gas natural son pasos críticos para la implementación de nuevas tecnologías y la creación de gasoductos regionales.